Cuando buscas una casa de cambio privada acabas escribiendo los dos términos: sin KYC y sin AML. Normalmente quieres decir lo mismo, cambiar cripto sin renunciar a tu identidad. Pero apuntan a controles distintos, y saber cuál es cuál te dice exactamente qué buscar en un servicio.
KYC, en pocas palabras
KYC significa «conoce a tu cliente»: recopilar y comprobar quién eres. Un documento, un selfi, una dirección y, a veces, una nota sobre el origen de tu dinero. Una casa de cambio sin KYC no recoge nada de eso. No hay identidad que filtrar, requerir judicialmente ni vender, porque nadie la pidió.
AML, en pocas palabras
AML, la prevención del blanqueo, es lo que notas en las plataformas reguladas como papeleo y retenciones: análisis de depósitos, avisos de riesgo, peticiones sobre el origen de los fondos y un saldo congelado mientras cumplimiento revisa tu caso. Muchas casas de cambio que se anuncian como sin KYC siguen analizando los depósitos, y piden documentos en cuanto una orden salta un aviso.
Dónde está la línea
- Sin KYC significa que el servicio no pregunta quién eres. Sin cuenta, sin documento, sin correo electrónico.
- Sin AML, para ti, significa que no hay papeleo sobre tu dinero: ni peticiones de origen de fondos, ni retenciones por avisos de riesgo, ni saldo congelado en espera de revisión.
- Son cosas independientes: un servicio puede ser sin KYC y aun así aplicarte una retención AML. Comprueba las dos.
Cómo funciona 0trace sin ninguno de los dos
- Sin KYC: sin cuenta, sin correo electrónico, sin identidad recogida.
- Nunca documentos AML: ni al empezar ni al cobrar. No hay cola de revisión ni cuenta que congelar.
- Los pagos salen de nuestras propias reservas de liquidez, no de depósitos reciclados de otros usuarios: las monedas que recibes están limpias y esa responsabilidad se queda de nuestro lado.
- Sin comprobaciones de IP y sin registros; las órdenes se borran solas a las 72 horas y el chat cifrado a las 24, o eliminas cualquiera de los dos tú mismo.
Cómo leer una casa de cambio privada
- Liquida con fondos propios y no se queda con los tuyos más de lo que el intercambio necesita.
- Dice con claridad qué guarda, durante cuánto tiempo y cuándo desaparece.
- Muestra una cotización real y en vivo que puedes comprobar antes de comprometerte.
- Nunca pide documentos a mitad del intercambio: un servicio que analiza depósitos acabará reteniendo el tuyo.